Renacimiento 2

Desperté y comenzó el verdadero reto. Las indicaciones fueron claras, “pasarás cinco días sin ingerir alimento alguno, incluso agua, con el fin de reducir la actividad del intestino al máximo y ayudar a que la cicatriz interna logré su objetivo sin contratiempos”; solo fui “alimentado” vía intravenosa con unos líquidos que llamaban “nutrición”.  Fueron cinco días muy largos.

Mi esposa, mis papás y mi hermana estuvieron apoyándome todo el tiempo en el hospital; sin ellos habría sido un camino aún más difícil.  Al final regresamos a casa a comenzar con una nueva etapa.

Más de diez kilos de pesos perdidos, la espalda deshecha por permanecer tantos días acostado, el hambre acumulada, muchísima sed, cansancio, etcétera; prometí no rendirme y no lo hice.

Ya casi cumplo un año de haber vuelto a nacer después de despedirme de un pedazo de mi intestino grueso, ha sido el tiempo más duro de mi vida; he aprendido a valorar aún más mi vida y lo que significa estar vivo, el valor que tienen el cuidado de la salud y lo tremendamente valioso que es el tiempo.

Insistiré un poco en lo del tiempo, ya que al estar cerca de morir te das cuenta del enorme valor que tiene cada segundo de tu vida y que no vale la pena perderlo en cosas sin importancia; nada es más importante que lo que hacemos con nuestro tiempo.

 

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